Las rosquillas de anís son el dulce casero de toda la vida: tiernas por dentro, doraditas por fuera y rebozadas en azúcar. Se hacen con ingredientes que tienes en la despensa (huevo, azúcar, aceite, leche, harina y un chorrito de anís) y en 1 hora y 15 minutos tienes unas 30 rosquillas listas para el café. En otoño, y sobre todo por Todos los Santos, no faltan en muchas casas. Te lo explico paso a paso para que te salgan bien aunque sea la primera vez que fríes masa.
- Raciones: unas 30 rosquillas (8-10 personas)
- Tiempo de preparación: 45 minutos (incluye 20 de reposo de la masa)
- Tiempo de cocción: 30 minutos (fritura en tandas)
- Tiempo total: 1 hora y 15 minutos
- Dificultad: Fácil
- Coste aproximado: 3-4 € en total (unos 12 céntimos por rosquilla)
Respuesta rápida: ¿cómo se hacen las rosquillas de anís?
Se baten huevos con azúcar hasta que blanqueen y se añaden aceite, leche, anís, ralladura de limón y matalahúva. Se incorpora harina con levadura química poco a poco hasta tener una masa blanda que casi no se pegue, se deja reposar 20 minutos y se forman aros con un agujero grande. Se fríen en aceite a unos 170 °C, 1-2 minutos por cada lado, se escurren y se rebozan en azúcar todavía templadas.
Ingredientes
Para unas 30 rosquillas:
- 3 huevos L (a temperatura ambiente)
- 150 g de azúcar (¾ de taza), y unos 100 g más (½ taza) para rebozar
- 100 ml de aceite de oliva suave (media taza de las de café con leche)
- 100 ml de leche entera (media taza)
- 40 ml de anís dulce o seco (unas 3 cucharadas soperas)
- 1 cucharadita de matalahúva (anís en grano, unos 3 g)
- Ralladura de 1 limón (solo la parte amarilla)
- 1 sobre de levadura química tipo Royal (16 g)
- 550-600 g de harina de trigo normal (unas 4½ tazas), más un poco para las manos
- 1 litro de aceite de girasol para freír (o de oliva suave)
- 1 cucharadita de canela molida (opcional, para mezclar con el azúcar de rebozar)
Utensilios: un bol grande, varillas o batidora, colador para la harina, sartén honda o cazo de unos 20 cm, espumadera, papel de cocina y una bandeja.
Preparación paso a paso
- Aromatiza el aceite (opcional, pero se nota): calienta los 100 ml de aceite de oliva con un trozo de piel de limón y la matalahúva a fuego suave 2-3 minutos, hasta que los granos empiecen a soltar olor. Apaga, retira la piel de limón y deja que se enfríe del todo (si lo echas caliente, cuajaría el huevo).
- Bate los 3 huevos con los 150 g de azúcar durante 3-4 minutos, hasta que la mezcla esté más clara y espumosa. Si usas varillas a mano, tómatelo con calma: el truco de que salgan esponjosas está aquí.
- Añade el aceite ya frío (con los granos de matalahúva), la leche, el anís y la ralladura de limón. Mezcla hasta que todo quede integrado.
- Incorpora la harina tamizada junto con la levadura, poco a poco, de 100 en 100 g. Al principio mezcla con una cuchara o espátula y, cuando se ponga espesa, con las manos. La masa está lista cuando es blanda, suave y apenas se pega a los dedos. Si se te pega mucho, añade harina a cucharadas; si se agrieta al moldearla, te has pasado: añade una cucharada de leche.
- Deja reposar la masa tapada con un paño 20 minutos. Así la harina se hidrata y es mucho más fácil darle forma.
- Calienta el aceite de girasol en una sartén honda: debe haber al menos 3 dedos de aceite. Ponlo a fuego medio, no al máximo. Sabrás que está a punto (unos 170 °C) si echas una bolita de masa y sube enseguida a la superficie rodeada de burbujitas, sin oscurecerse de golpe.
- Forma las rosquillas: úntate las manos con un poco de aceite, coge una bola de masa del tamaño de una nuez (unos 30 g), haz un churro de unos 12 cm y une las puntas apretando bien. También puedes hacer una bola, aplastarla un poco y abrir un agujero grande en el centro con el dedo: al freír crecen y el agujero se cierra si es pequeño.
- Fríe en tandas de 3-4 rosquillas, sin amontonar. Primero se hunden y enseguida suben. Cuando la parte de abajo esté dorada (1-2 minutos), dales la vuelta con la espumadera y deja otro minuto. Si se doran en 20 segundos y por dentro están crudas, el aceite está demasiado caliente: baja el fuego y espera un poco antes de la siguiente tanda.
- Escurre sobre papel de cocina 1 minuto. Para comprobar la primera, pártela: por dentro debe estar esponjosa y seca, no pegajosa.
- Reboza las rosquillas en el azúcar (mezclado con la canela si te gusta) mientras aún están templadas, para que el azúcar se agarre. Deja que se enfríen sobre una rejilla o bandeja.
Trucos para que te salgan perfectas
- No te pases de harina. Es el fallo más común: la masa dura da rosquillas secas y apelmazadas. Debe quedar blanda, casi pegajosa.
- Huevos a temperatura ambiente: suben mejor al batir. Sácalos de la nevera media hora antes.
- Controla el aceite. Ni frío (se empapan de aceite) ni humeando (se queman por fuera y quedan crudas). Si tienes termómetro de cocina, entre 165 y 175 °C.
- Agujero generoso: hazlo de 2-3 cm, porque al freír la masa crece hacia dentro.
- Pocas a la vez: si llenas la sartén, la temperatura cae y quedan aceitosas.
- Si no tienes matalahúva, sube el anís a 50 ml; el sabor será más suave pero igual de rico.
¿Con qué acompañarlas?
Son perfectas para el desayuno o la merienda con un café con leche, un vaso de leche fría o un chocolate caliente. En la mesa de Todos los Santos quedan muy bien junto a unos huesos de santo y unos panellets. Si te gustan los dulces fritos, prueba también nuestros churros caseros.
Variantes
- Rosquillas al horno: forma los aros, píntalos con huevo batido y hornéalos a 180 °C, con calor arriba y abajo, 15-18 minutos, hasta que estén dorados. Quedan más tipo bizcocho y con menos grasa. Rebózalas en azúcar al sacarlas.
- En freidora de aire: pincela las rosquillas con aceite y cocínalas a 180 °C durante 8-10 minutos, en una sola capa y separadas, dándoles la vuelta a mitad. Quedan menos crujientes que fritas, pero salen bien.
- Sin alcohol: cambia el anís por la misma cantidad de leche y sube la matalahúva a 1½ cucharaditas. Así son aptas para niños.
- De naranja: cambia la ralladura de limón por la de una naranja y 2 cucharadas de la leche por zumo de naranja.
- Glaseadas: en vez de azúcar, báñalas en una mezcla de 150 g de azúcar glas con 2 cucharadas de zumo de limón.
Conservación
- A temperatura ambiente: en una lata o un táper bien cerrado, aguantan perfectas 4-5 días. No las metas en la nevera: se endurecen.
- Congeladas: congélalas ya fritas y sin azúcar, bien envueltas, hasta 3 meses. Descongela a temperatura ambiente, dales 2-3 minutos en el horno a 160 °C y rebózalas en azúcar.
- Si se te quedan un poco secas al tercer día, están buenísimas mojadas en leche o café, como se ha hecho siempre. Y si te gustan los postres de cuchara de toda la vida, prueba nuestro arroz con leche asturiano.
Preguntas frecuentes
¿Por qué mis rosquillas de anís quedan duras?
Casi siempre es por exceso de harina o por amasar demasiado. La masa debe quedar blanda y apenas pegajosa. También influye freírlas a fuego muy bajo y durante mucho tiempo: a unos 170 °C bastan 1-2 minutos por cada lado.
¿Por qué se abren o se rompen las rosquillas al freírlas?
Suele pasar porque las puntas no están bien unidas o porque el aceite está demasiado caliente y la masa crece de golpe. Aprieta bien la unión, haz el agujero grande y baja un poco el fuego.
¿Qué anís se usa para las rosquillas, dulce o seco?
Sirven los dos. El anís dulce aporta un sabor más suave y redondo; el seco es más intenso. Si las vas a rebozar en azúcar, mucha gente prefiere el seco para que no queden empalagosas.
¿Se pueden hacer rosquillas de anís sin levadura?
Se pueden, pero quedan más compactas y duras, tipo galleta. Si no tienes levadura química, puedes usar 1 sobre de gasificante (los dos sobres de bicarbonato y ácido) o media cucharadita de bicarbonato con unas gotas de zumo de limón.
¿Cuántos días duran las rosquillas de anís caseras?
En una lata o recipiente hermético, a temperatura ambiente y lejos del calor, se conservan bien 4-5 días. Congeladas sin azúcar aguantan hasta 3 meses.

